Trabajar con la IA es como tener un compañero que nunca se cansa; te saca el trabajo pesado de encima, te ayuda con iedeas cuando estás bloqueado y sugiere actividades en un abrir y cerrar de ojos.
Al final del día, no hay que olvidar que la IA sigue siendo una máquina: carece de empatía real y no entiende el verdadero contexto humano. Si le das una instrucción vaga, te devolverá algo genérico, por lo que te exige ser demasiado preciso al pedir las cosas. Además, a veces comete errores absurdos o se inventa datos, lo que te obliga a estar siempre con el ojo puesto y supervisando cada línea para que no se le escape ningún fallo.
Una iteracción : Le pedí a la IA que diseñara una actividad didáctica sobre ciberseguridad adaptada a mi entorno, y en los materiales visuales que generó terminó incluyendo la bandera de otro país en lugar de la de mi país. Esto demuestra que la herramienta genera contenido en automático pero no entiende la realidad local, lo que nos obliga a los humanos a revisar minuciosamente cada detalle antes de usarlo.
Puedo concluir que la IA es una herramienta genial para aligerar el día a día y potenciar ideas, pero el toque final, el criterio y el corazón siempre los ponemos quienes lo usamos.